miércoles, junio 13, 2007

Katmandu

El desayuno es cada día diferente. Siempre hay una taza de te y una pieza de fruta, pero lo que acompaña al te varía cada día. Ayer era una pasta como de galletas machacadas, riquísima. Hoy es una especie de crepe crujiente con un huevo revuelto encima. El otro día eran una especie de buñuelos de pasta frita cuyo sabor me recuerda al de las porras, solo que estas no tienen prácticamente nada de grasa.

Hoy no hay huelga, por lo que es un buen día para ir a Katmandu. El tio de Arun se ofrece a llevarme en su taxi hasta Durbar Square y dejarme dentro de la plaza, con lo que me ahorraré el dinero que hay que pagar por entrar. Asi lo hacemos. Nos toma como una hora llegar hasta Katmandu debido al atasco de tráfico que aquí es constante, y me deja en la plaza Durbar, justo en la puerta del templo de KUMARI, una niña a la que visten como si fuera carnaval, con ropas muy espectaculares y unas máscaras de colores, y a la que llaman la “diosa viviente”. La niña vive recluida en este templo hasta que pasa la adolescencia, que es cuando deja de ser diosa y la renuevan por otra niña. No es posible ver a Kumari. Puedes entrar al templo, al patio central. Ahi, en una de las ventanas superiores está el sacerdote del templo. Un sacerdote de pacotilla porque va vestido como nosotros. Si al sacerdote le da la gana le dirá a la Kumari que se asome a la ventana para que la veas, y si no le da la gana, pues no se asoma y te quedas sin ver a Kumari. Yo entré solo, había otra turista más, nos acompañó un chaval joven que por una pequeña propina nos propuso hablar con el sacerdote para que dijera a Kumari que se asomara a la ventana. Pero al “sacerdote” no le dio la gana y nos quedamos sin ver a Kumari. La costumbre es que si ves a Kumari eches unas monedas en una caja que hay al efecto. Somos dos turistas, asi que como va a molestar a la Kumari para que salga al balcón por unas monedillas de nada. Si fueramos un grupo grande seguro que le diría “anda Kumari, vente p'acá y asómate que estos turistas nos van a pagar hoy la cena”. La proxima vez que venga trataré de esperar a que entre un grupo grande y me cuelo a ver si veo a una diosa en vivo y en directo.

Paseando por Durbar Square charlo con una turista sudafricana, una mujer de unos cincuenta y tantos, con aspecto británico, un inglés perfecto, y comentamos las curiosidades de este pais. Resulta ser la mujer de un negociador que está aquí ayudando al gobierno nepali a tratar el asunto de los mahoistas. Este hombre ayudó en el proceso de paz entre blancos y negros en sudáfrica y por eso le han fichado para terminar de resolver el problema que ha habido en Nepal con los mahoistas (una especie de grupo terrorista local) ya que el año pasado formaron un acuerdo de paz, pero se ve que aún hay cosas que negociar. Nos tomamos un te en una de las terrazas de la plaza y me cuenta cosas sobre sudáfrica que me ponen los dientes largos para ir allí.

Tras conversar con esta mujer, comienzo mi paseo por Katmandu. Voy desde Durbar Square, en dirección norte hacia Thamel, la zona turística, donde iré de tiendas. Durante los paseos me encuentro con un limpiabotas indio que me saluda y me sugiere varios templos que ver. Yo le hago caso y varío mi recorrido para ver los sitios que me propone.

Tras estar toda la tarde en Katmandu, me voy andando hacia el RATNA PARK, donde, en una esquina, están los autobuses que van a Bhaktapur. Es dificil saber qué autobus es, porque aquí cualquiera tiene un autobus y se pone a hacer el recorrido que le apetezca, con lo que cada autobus es de un aspecto diferente. Aquí funciona como en India, hay un conductor, y un cobrador, que suele ser un chaval joven. El conductor suele ir asomado a la estrecha puerta lateral y cantando a la gente el destino al que van. Aquí no hay paradas, asi que puedes subir o bajar al autobus donde quieras. Cuando llego a la parada, pregunto a un grupo de chavales cual es el autobus que va a Bhaktapur, y uno de ellos me acompaña hasta la “parada”, un callejón donde hay una fila de autobuses. Algunos de ellos hacen servicio express hasta Bhaktapur y no paran de camino. Yo voy a un lugar llamado “KAUSHALTAR”. El chaval que se ha ofrecido a ayudarme va preguntando en todos los autobuse cuál de ellos para de camino, y finalmente me subo en uno que está a punto de partir. Según vamos llegando a la zona, estoy atento a ver si reconozco los edificios para pedir al autobús que pare, pero no hace falta, ya que el cobrador grita el nombre “Kaushaltar!” porque sabe que yo me bajo allí. Al bajar del autobús le pago las 10 rupias que cuesta el viaje (63 rupias son 1 dólar) y me bajo.

En la cena, la tia de Arun le comenta que le apena no saber hablar inglés ya que le gustaría poder hablar de muchas cosas conmigo. Cada vez que cuento algo de la comida de nuestro país o de las costumbres, la tia de Arun pide que le traduzcan todo.

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